Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, realizada por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y publicada en 2007, el 31,5{e30072f1a99c6c98cce57ffe6cdf2df60ae7d4ea931ea5ec7b71369bdab02c58} de los niños de 6 meses a 6 años tiene sobrepeso, y un 10,4{e30072f1a99c6c98cce57ffe6cdf2df60ae7d4ea931ea5ec7b71369bdab02c58} de ellos es obeso, en la República Argentina.
Estas cifras indican que durante los últimos veinte años se triplicó la prevalencia de la obesidad infantil.
La obesidad infantil, es hoy una epidemia. Los niños dedican de 3 a 5 horas diarias a la tele o la computadora, pero sólo entre 2 y 4 horas semanales a hacer deportes o ejercicio físico.
El problema crucial de estos hábitos, es que al iniciarse en la infancia, han de prevalecer durante toda la vida.
Estas serían las variables duras, el núcleo firme del problema y sus facetas más técnicas. Pero el hombre vive más allá de lo definido por los parámetros técnicos y aquí es donde las variables sociales definen un aspecto lateral (no por ello menos importante): El niño obeso no sólo ha de sufrir por sus padecimientos de salud, sino que se ha de enfrentarse a burlas, aislamiento, enajenación, y falta de integración con los demás niños.
En España, se ha dado a conocer un estudio realizado por la Universidad de León que propone que 5 horas semanales de actividad física moderada ayudarían a prevenir la obesidad, ya que mejoran sensiblemente el índice de masa corporal (la relación entre el peso y la talla) en los infantes.
En conclusión, lograr que los niños realicen actividad física, sería más efectivo que someterlos a dietas reducidas en calorías.
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