Lo más habitual es que tomemos agua cuando tengamos sed. Debemos tomar aguan antes, durante y después del ejercicio, ya que cuando llega la sensación de sed ya comenzó el proceso de deshidratación. Las últimas investigaciones aseveran que con una deshidratación del 2 por ciento se reduce un 20 por ciento el rendimiento, pero si la deshidratación llega al 5 por ciento el atleta puede experimentar una pérdida del rendimiento del alrededor del 50 por ciento.
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