Este proceso de adaptación y atenuación, se conoce como “tolerancia” y es lo que obliga al consumidor a aumentar la cantidad y la frecuencia del consumo para obtener las mismas sensaciones. La tolerancia, por lo tanto, consiste en un mecanismo de protección, cuya función es reducir o controlar la respuesta del cerebro a los efectos de la sustancia, y lograr convivir con ella.
El cerebro se adapta tan bien a la presencia de la sustancia, que le resulta difícil funcionar con eficacia y normalidad en su ausencia. Si esto se da, se produce una sintomatología muy desagradable conocida como “abstinencia.” Ésta aparece después de reducir o eliminar el consumo por completo, tras haberla consumido durante un tiempo prolongado. Es tal la sensación de malestar que se experimenta, que se dificulta el cese del consumo.
Esto se debe a que el cerebro tarda un determinado período de tiempo en reconfigurar y readaptar su funcionamiento normal en ausencia de la sustancia. La vuelta a la normalidad de tan sofisticado órgano no es inmediata. La abstinencia suele constituir un obstáculo difícil de superar.
El proceso adictivo corresponde a un típico condicionamiento de conducta que se produce en tres fases consecutivas. El enganche inicial ocurre cuando la sustancia provoca una sensación de placer en el organismo. El consumo continúa por temor a padecer los síntomas desagradables del síndrome de abstinencia. Finalmente, el abandono del uso de la sustancia se dificulta por los recuerdos placenteros iníciales producidos por ésta. En tales casos, tanto la sensación de relajación física como el placer inducidos por la sustancia son capaces de eclipsar a todas las demás fuentes de satisfacción. A partir de ahí, la vida del sujeto queda tristemente enfocada en dos aéreas fundamentales: la obtención y el consumo de la sustancia.
La correspondoencia entre los dos es casi total, ya que los tres procesos anteriormente mencionados –tolerancia, abstinencia, y dependencia– se presentan de igual manera pero en relación con la realización de ejercicios físicos. De hecho, el adicto al ejercicio abusa del ejercicio físico como si de una sustancia se tratase.
Este tipo de adicción se conoce con el nombre de “vigorexia.” Este es un término comparable a la “anorexia” ya que muchas personas que padecen este trastorno realizan ejercicios físicos en exceso para mantenerse delgadas.
En realidad, la vigorexia tiene más en común con el trastorno dismórfico corporal que con la anorexia, ya que el trastorno dismórfico corporal se caracteriza por la preocupación acerca de un defecto imaginado en la apariencia física, que no se corresponde con características o anormalidades físicas reales, y en el caso de que éstas existan, la preocupación es marcadamente excesiva. Las similitudes entre el trastorno dismórfico corporal y el trastorno obsesivo compulsivo han sido comprobadas. Stekel estudió este trastorno y lo situó entre la obsesión y el delirio, con la posibilidad de que la obsesión se transforme en delirio.
La vigorexia, provoca que el adicto al ejercicio abuse de éste como si de una sustancia se tratase y hay entrenadores que a su vez constituyen un refuerzo positivo para continuar con la adicción. Los efectos negativos del exceso de ejercicio suelen permanecer invisibles durante un tiempo y no suelen manifestarse hasta que se sufre un sobre entrenamiento fisiológico o lesiones físicas. De hecho, solicitan asistencia médica exclusivamente cuando padecen insomnio o nerviosismo intenso y lesiones como esguinces, fracturas por tensión, bursitis, torceduras, tendinitis, etc.
En parte, las causas de esta adicción se pueden explicar considerando la conexión endocrina que existe entre el ejercicio físico y la liberación de sustancias químicas como las beta endorfinas, adrenalina, noradrenalina, dopamina, serotonina, hormonas tiroideas, cortisol, testosterona, estrógenos, leptina, y otras. Un hecho positivo de la vigorexia consiste en que los adictos no suelen abusar de sustancias psicoactivas, ya que éstas inciden negativamente sobre el rendimiento físico. No obstante, existe cierta negatividad, porque tienden a abusar de los quemadores de grasas y otros múltiples suplementos dietéticos en mega dosis, como anorexígenos, diuréticos, saunas, y purgas para mantener un aspecto físico que ellos erróneamente consideran ideal.
Por lo general, estas personas son extremadamente difíciles de tratar y la duración del tratamiento es relativamente prolongada.
Los entrenadores y monitores son personas clave para el tratamiento, ya que deben realizar un control detallado y minucioso sobre la periodización de los entrenamientos en términos de volumen, intensidad, y recuperación, para permitir una correcta adaptación a la normalidad.

Deja un comentario