Las manifestaciones del estrés en el niño pueden tomar formas diversas que afectan su desarrollo. A nivel físico y conductual, puede presentar complicaciones en la digestión y falta de apetito; transtornos del sueño, irritabilidad, resistencia en participar en actividades sociales o desgano en general, así como propensión a padecer enfermedades y alergias.