Un estudio de la Universidad de Utah publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine difundió que la antigüedad del barrio en el que uno vive puede incidir en el riesgo de obesidad de sus habitantes.
“Los barrios más viejos se diseñaron de formas que sustentan las opciones saludables, con veredas arboladas, manzanas con comercios pequeños, paradas de autobús y locales atractivos que invitan a que los residentes caminen”, indicó Bárbara Brown, psicóloga ambiental y coautora del estudio.
El estudio, que se realizó con más de 450.000 adultos que viven en el Condado de Salt Lake, descubrió que los hombres de los barrios antiguos suelen pesar unos cinco kilos menos que los de barrios nuevos, y las mujeres, tienen una diferencia de tres.
Brown, investigó que los barrios diseñados antes de 1950 ofrecen más posibilidades para caminar ya que se diseñaron teniendo en mente a los peatones, mientras que los barrios más recientes se concibieron para facilitar el desplazamiento con automóviles.
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